Asesor, creador y desarrollador de proyectos gastronómicos y hoteleros, Ricardo Plant se autodefine como un artista que sabe de arquitectura. Creativo por naturaleza y sibarita por elección, es uno de los profesionales más buscados a la hora de producir negocios exitosos. ¿Por qué será?
Dice que el miedo a la libertad interior es un mal argentino, y que se hace visible en el escaso uso del color en los proyectos locales. También dice que le gusta romper las reglas, pero que para hacerlo primero hay que conocerlas. Y que el precio de la libertad se paga tomando decisiones todo el tiempo. “En general, se me contrata para temas comerciales, un stand, un restaurante, un hotel; solo excepcionalmente hago viviendas, para amigos o para gente que me cae bien”. Mientras habla Ricardo Plant hace dibujitos, como si bocetara los conceptos que declama. “Para mí, el espacio es como el pentagrama para el músico. Y el color, una nota entre otras, como la luz y cada material que entra en juego dentro del espacio. Mi libertad mental me permite usar el color como torero, sin miedo”.
¿Cómo se hace un negocio exitoso?
El cliente me acerca su pauta y objetivo, me dice adónde quiere llegar. De ahí en más empiezo a trabajar, a jugar con las emociones que me surgen. Mezclo, condimento; proyecto comiendo… Es como componer música: escucho las formas, los colores, los materiales. Los siento, después los pienso.
Su obra, en conjunto, ¿tiene un denominador común?
No lo tiene, cada una está en relación directa con el tema. Esto se percibe al observar cinco o seis obras mías. Enseguida te vas a dar cuenta de que es todo distinto. Tengo un componente que me permite convertirme en el tema. En Jujuy me hice kolla, por ejemplo.
Palabras como condimentos
La charla es entretenida: Plant habla de su pasión por la astrología, cuenta que comió 10 mil veces fuera de su casa, en distintos restaurantes. Recuerda con cariño a un gran amigo, ya fallecido, el Gato Dumas, con quien compartió el tiempo del despegue de la industria gastronómica en la Argentina.
Deja establecido que la principal diferencia –a su juicio fundamental– entre dos arquitectos excelentes como Gaudí y Le Corbusier radicó en que solo uno de ellos era un artista plástico flexible.
Se encarga de aclarar que Ricardo Plant es, ante todo, un artista plástico que sabe mucho de arquitectura, y se refiere a sí mismo como un arquitecto en visión, dado que estudió pero no se recibió. Su extenso currículum incluye 25 años como diseñador de muebles infantiles –varias veces premiados– y una confesa pasión por el potencial que ofrece la informática: “Mi generación le teme a la computación, muchos se sienten orgullosos de no usarla. Esto le pasa por igual a arquitectos y a empresarios; no son curiosos ni les interesa nada. El fenómeno también se da en los arquitectos jóvenes, y esto realmente me preocupa. Si no sos curioso como profesional, perdiste”.
Parte del trabajo del estudio Plant&Plant consiste en dar consejos a hoteleros y gastronómicos para que mejoren la calidad de atención a sus clientes. “Hay un restaurante en la mente de cada argentino”. Lo asegura porque vivió todo el proceso de cambios: en la gastronomía, en los hábitos de consumo, en la mirada de algunos empresarios, dirigida exclusivamente a la rentabilidad. Por eso afirma que la mayoría son neo gastronómicos y neo hoteleros, que no vienen de familia. En algunos casos Plant se convierte en “la cuarta pata del negocio”, es
el asesor. “Algunos empresarios gastronómicos no creen necesario recibir asesoramiento externo, y esto es un error porque hoy la gastronomía se modifica semana a semana”. Y cuenta que, cuando era un adolescente, los restaurantes estaban en manos de sus dueños, en general europeos escapados de la guerra, gente con mucho conocimiento del tema. Eran negocios llevados por adultos. En cambio, en la actualidad el restaurante italiano es de un coreano. El negocio está en manos de los jóvenes. También cambió la escena: muchos de los que van a comer no saben comer, y los que cocinan no siempre saben cocinar.
“Cuando mejor sea el nombre del negocio, menos plata hay que poner para que la gente lo recuerde. Y hay que registrarlo. Esas previsiones ayudan a ahorrar dinero en promoción”.
“No sé si esto es bueno o malo, es lo que pasa ahora”.
¿Qué servicios ofrece el estudio?
Nos dedicamos a recabar información sobre el negocio, la tamizamos y manejamos el espacio. En esto es fundamental el programa de necesidades. Preguntar es enriquecedor porque también te enseña a dar respuestas. Sé lo que debo hacer, y por eso hago lo que el cliente quiere y le conviene. Pienso en 3D. Soy un contreras, no me conformo fácilmente.
Plant&Plant - Arquitectura, imagen & asesoramiento
integral para hotelería y gastronomía.
www.plant.com.ar / plant@plant.com.ar
Entrevista: Adriana Pagliaroli |